La temporada veraniega

Hola de nuevo gourmets de experiencias. Espero que estéis disfrutando el verano, porque es la época para escapadas turísticas y para probar experiencias en esos restaurantes que tanto nos han estado tentando todo el año -y que la “operación bikini” nos prohibía siquiera la mirada.

Son los meses en que menos nos cuesta destinar dinero al ocio, porque nos lo hemos ganado trabajando duro todo el año y porque el cuerpo y la mente nos piden olvidar el calor.

 

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Balearia, con Ibiza de fondo.

 

Es un período estupendo para lucir el turismo y la hostelería españoles, el momento en el que se “echa en el asadero” todo el trabajo que se ha ido preparando durante los meses de invierno. Además se hacen numerosas contrataciones de personal, porque se necesita mano para atender tan alta demanda -favorecida por los problemas que desgraciadamente estamos contemplando desde la “falsa distancia” en otros países; y no por una mejora real de nuestro turismo (tema que trataré en otro post).

 

El gran número de clientes, expertos e inexpertos, y el gran número de trabajadores, formados o no, se juntan en estos meses provocando una explosión de experiencias, muchas de ellas maravillosas y otras bastante penosas…

 

De las maravillosas diré que se dan todos los días pero poco se habla de ellas. Son todas aquellas en las que el recepcionista te sonríe cuando entras, recuerda tu nombre, y te recomienda los servicios del hotel que mejor te van, para que los disfrutes. O cuando el camarero se da cuenta del momento exacto en que estás listo para pedir -porque te observa-; y además te aconseja el plato especial del día/de la casa, acompañado de ese vino que tanto potencia su sabor. Experiencias como estas son increíbles, y por eso elegimos salir a comer, o descubrir nuevos lugares sin acudir a un airbnb o apartamentos vacacionales.

 

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Puerto de Ibiza

 

Y las desafortunadas también las hemos vivido todos. Por ejemplo, cuando estamos en una terraza estupenda, de un hotel increíble, y el camarero se molesta con nosotros porque se ha equivocado con la comanda y no queremos aceptar el cambio (porque el smoothie de plátano no es igual que el smoothie de mango). O como el recepcionista que realiza el check-in apenas te mira a la cara mientras te dice tu número de habitación, sin siquiera preguntarte si estarás a gusto con ella o si necesitas algo más para sentirte como en casa.

 

Me veo en la obligación de explicar que estas últimas se deben a la gran carga de trabajo generada por esos clientes de temporada, cuando no se ha preparado bien al personal, ni el material, para afrontar el estrés natural de estos trabajos. Porque no es un trabajo fácil, por mucho que lo parezca desde fuera.

 

Por ello, la preparación en los meses de invierno es fundamental; en verano ya no tenemos tiempo de reacción. El calor se acaba, llega el frío y después el verano de nuevo; pero puede que esos clientes ya no vuelvan con el calor. Y si los clientes no vienen, el éxito tampoco.

 

La sonrisa, trabajada, siempre es la clave del éxito.

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Barcelona, Parque del Tibidabo.

 

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