El Efecto Pigmalión.

¿Sabes el efecto que pueden tener sobre ti las creencias de los demás?  ¿Y lo que pueden hacer las tuyas sobre otros?

Atento a la diferencia: 

Marcos era un niño muy reservado. A sus 9 años, apenas hablaba, ni siquiera lo escuchabas si pasaba por tu lado. Hacía más ruido el aire al moverse. Y siempre había sido así, tanto en el colegio como en casa.

Los profesores pensaban que no tenía la suficiente inteligencia para entender sus lecciones. Querían bajarle un par de cursos, “para que aprenda desde el principio”, decían. 

En el fondo, Marcos les hacía cuestionarse su propia capacidad de enseñar. Sus métodos no valían con él.

Sus padres le querían con todo su corazón, pero comparaban su silencio con los gritos y chillidos de sus hermanos, y se temían lo peor. ¿Sería lo mejor para él repetir curso, aunque entorperciera su futuro? Y la peor pregunta, ¿llegaría Marcos algún día a ser independiente?

Y así, padres y profesores hacían lo mismo, lo trataban como a un niño que callaba porque le costaba entender. 

Lo cierto es que esto es lo que Marcos mejor captaba. Todos le hablaban de una manera infantil, como si no fuese a ser capaz de entender otra cosa. Se acostumbró a esto. Tanto que realmente empezó a comportarse como un niño que no entendía. 

Cuando empezó a hablar, terminó demostrando lo que los adultos habían fomentado… No decía más que tonterías. Al fin y al cabo, ¿quién era él para ir en contra de todo su entorno?

Compara ahora con esta versión: 

Marcos era un niño muy reservado. A sus 9 años, apenas hablaba, ni siquiera lo escuchabas si pasaba por tu lado. Hacía más ruido el aire al moverse. Y siempre había sido así, tanto en el colegio como en casa.

Los profesores pensaban que era un niño prodigio. Sus lecciones no sólo las entendía, sino que ya se las sabía.  Querían subirle un par de cursos, “para que aprenda todavía más rápido”, decían. 

En el fondo, Marcos les devolvía su ilusión por la enseñanza. Sus métodos no valían con él y querían que potenciase la capacidad que le intuían.

Sus padres le querían con todo su corazón. Comparaban su silencio con los gritos y chillidos de sus hermanos, y ponían en él todas sus esperanzas. ¿Sería lo mejor para él avanzar de curso para potenciar un glorioso futuro? Y la pregunta más esperanzadora, ¿llegaría Marcos algún día a cambiar el mundo?

Y así, padres y profesores hacían lo mismo, lo trataban como a un niño prodigio, una maravilla de la naturaleza.

Lo cierto es que esto es lo que Marcos mejor captaba. Todos le hablaban como a un adulto, como si lo entendiera todo a la perfección. Se acostumbró a ello. Tanto que realmente empezó a comportarse como un niño con una capacidad avanzada.

Cuando empezó a hablar, terminó demostrando lo que todos habían fomentado… Decía maravillas. Al fin y al cabo, ¿quién era él para ir en contra de todo su entorno?

Y esto es el Efecto Pigmalión. También llamado Efecto de “Profecía autocumplida” y Efecto Rosenthal, nombre del profesor que lo investigó por primera vez en 1968, junto a la directora de una escuela, Leonore Jacobson. 

Se trata de la influencia que tienen las creencias de los demás en nosotros mismos, desde niños. O dicho de otro modo, la motivación que los adultos influyen en los niños. También pasa en la edad adulta. 

Por eso confiar y apoyar a una persona puede marcar una gran diferencia en su vida. Confiará en sí misma y se esforzará por ser aquello que los demás le inspiran. Y si no, que se lo pregunten al tío de Nadal. 

¿Con qué versión te quedas?

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