¿Vitamina o vampiro?

Seguro que ya habrás escuchado alguna vez eso de “personas vitamina” o “personas vampiro”.

Por si no lo has oído nunca, te lo explico rápido. 

Las personas vitamina son esas que te inspiran, que te animan cuando las ves. Su presencia, de alguna forma, te reconforta. Cuando quedas con ellas, te vas con más energía de la que llegaste. Por eso, son vitaminas para tu espíritu.

Las vampiro, en cambio, son esas personas que necesitan capturar energía de los demás. Hay algo que les molesta, y en vez de solucionarlo, se enfadan con el mundo. Cuando quedas con ellas, te vas con menos energía de la que llegaste. Es posible que  necesites comer o desconectar después de interactuar con estos draculines

*¡Ojo! Este calificativo de “vampiro”, un tanto frívolo, NO lo utilizo con quien acaba de vivir una situación dolorosa. No me refiero al que ha perdido a alguien, o el trabajo, o le diagnostican una enfermedad, etc., en un tiempo donde la herida está, lógicamente, fresca. Ni siquiera al que acaba de tener un disgusto, del tipo “se me ha caído el móvil al suelo y se ha roto”, que necesita enfadarse un par de horas. Es bueno expresar el enfado, estar triste y quejarse. Durante el tiempo adecuado.

Para mí, este término aplica cuando ya ha pasado un tiempo más que suficiente para gestionar ese golpe vital (que todos vivimos), pero en lugar de afrontarlo, se han quedado estancados en ello. O también, para esas personas que están de por sí enfadadas con el mundo. 

Últimamente vengo haciendo la reflexión de que todos hemos sido vitamina y vampiro en algún momento de nuestra vida. O más bien, en muchos momentos. 

Recuerdo cuando terminé la Universidad. Me sentía perdida y no sabía cuál era mi sitio en el mundo. “¿Qué hago ahora?” Me repetía constantemente, a mí y a todo mi entorno.

Si bien es algo que me sigo cuestionando, en aquel entonces era una obsesión. Me sentía tremendamente perdida y triste. Había estudiado dos licenciaturas con la esperanza de que al terminar, recibiría cuantiosas ofertas de trabajo. Además, bien remuneradas.

Al salir al mundo laboral, recibí el tortazo de la realidad: prácticas, prácticas y más prácticas. Una situación fomentada por una crisis de la que, aún día de hoy, no terminamos de remontar (sin entrar en tema Covid).

Estaba tan frustrada, que lo único que hacía era hablar de este tema, amargarme, llorar, compararme con otros, quejarme… todo en un modo negativo y durante bastante tiempo. No conseguía ver la luz. Mi pareja de aquel entonces sentía que su cabeza iba a explotar cada vez que afloraba este tema. Y con razón. 

Me estaba comportando como una verdadera vampiro emocional. De libro. 

“¡Dame dame dame daaame vitaminaaaaaas!” (Foto del 2015, en Zaragoza)

Otra “situación vampiro” muy habitual, es esa ruptura de pareja, en las que no se suelta lastre. ¿Quién no se ha comportado como un vampiro cuando ha roto con alguien, de forma un poquito melodramática? Yo al menos, no me libro. Esas llamadas intempestivas a tus amig@s para llorarles tu pena, ooooootra vez (tenéis el cielo ganado, amiguis).

También existe un pequeño grupo de personas que, por alguna razón, son pesimistas por naturaleza. Caminan enfadados por la vida, aunque no haya un motivo aparente, y expanden esa frustración con quien se encuentren. Pero no hay muchos de estos. (Y, por si te lo estás preguntando, no creo que sea tu caso, porque si lo fuera, te estaría dando tanta rabia este post, que ya habrías dejado de leer).

Mi vampiro interno absorbiendo energía (2021)

En cambio, también vivimos esos momentos de ser pura vitamina.

Yo, por ejemplo, me suelo sentir así los sábados y domingos, cuando hago sesión de carrera por la playa. O running, que suena mejor. Durante el fin de semana puedo hacerlo a esas horas en las que el Sol me da de pleno sobre los hombros, sin llegar a sentir un calor insoportable. Mientras el aire se mantiene fresco y es un alivio en el rostro. En esos instantes me siento libre. Y eso para mí, es tremendamente valioso.

Cuando llego a casa, me siento vibrante y energética, ¡podría volar!

En ese momento, parece que puedo con todo, que la vida es maravillosa. Si hablas conmigo en ese instante, probablemente te inspiraré buen rollo. No puedo asegurarte que siga así el resto del día ;p

Sesión de Sol en Alicante, 2021

Lo que quiero decir con esto, es que no siempre somos estupendos y maravillosos. 

Probablemente nos pasará algo o nos veamos inmersos en una situación desagradable de la que nos cueste pasar página. Ahí seremos vampiros, necesitaremos consejo y ayuda extra. Buscaremos esas vitaminas que estén dispuestas a prestarnos un poquito de su energía para reponernos. 

Y oye, ¡que no pasa nada! Así funciona el mundo. Los seres humanos vivimos en tribus para apoyarnos, cada uno cuando le toca. Así funciona también el amor: unas veces das y otras, necesitas recibir.

De hecho, para ponerlo más fácil al entorno, propongo ponernos un cartel en la frente cada día avisando: “hoy voy a ser vampiro”, o bien, “hoy me siento vitamina”.

Pero es importante no estancarnos en el personaje de Drácula. Cuando se perpetúa en exceso,  ya pasamos a ser otra cosa. Un coñazo, básicamente. Porque estás constantemente consumiendo energía de los demás, con una excusa como argumento de lástima, intentando dar toda la pena que puedas. Creo que muchos hemos pasado por este punto de estancamiento. Yo de nuevo, me incluyo. 

¿Y qué podemos hacer si nos damos cuenta de que nuestro vampiro interno no se sacia por más litros de sangre que chupemos?

Pues buscar ayuda de algún profesional que nos dé el chute de vitaminas exacto que necesitamos. Alguien que sabe lo que hace, en quien podamos confiar y que nos aporte ese empuje que necesitamos. Y mucho mucho trabajo interno. De mirarse ahí donde pica.

Nuestros amigos y familiares, por mucho que nos quieran, también se desgastan. Porque su sangre, como la tuya y la mía, es limitada. Además, cada uno tiene sus propias batallas, para las que también necesitan energía. 

Por eso, me reitero, busca ayuda. Por suerte, cada vez está más aceptado, porque ahora hay más gente dispuesta a tener su asesor emocional.

Además, como aprendizaje personal, te recomiendo también buscar tu propia terapia sanadora y SALUDABLE (en mayúsculas, porque esto se nos olvida). Es decir, encuentra actividades que te hagan sentir mejor y que además, sean positivas para tu salud y/o el mundo. Confieso que, para mí, escribir este blog es una de ellas. 

¿Tú qué piensas sobre esto? ¿Has llegado a sentirte Drácula alguna vez? ¿Cómo lo has hecho para salir de ese estado? Me encantaría conocer tu historia 🙂 

3 comentarios en “¿Vitamina o vampiro?

  1. Creo que en ocasiones se sobrevalora de forma excesiva la positividad. Hay que dejarse de mensajes positivos que acaban engañando y enmascarando la realidad. La vida no es sensilla, y no tiene mariposas, esta llena de gente mala, rencorosa, que no tiene educación y más que considerar que el universo es algo maravilloso y digno de Mr. Wonderfull. Mejor aprender la realidad que tratar de pensar que no existe

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    1. Totalmente de acuerdo David con que nos pasan cosas duras y difíciles. La muerte para empezar y para terminar. La he sufrido de cerca. Enfermedades graves. También sé lo que es, de cerca y por dentro. Problemas económicos serios, muy serios. También sé lo que es. Familias rotas. También me ha tocado. Perder trabajos, igual. Acoso. Críticas. Y más.

      Pero, una vez sufrido y llorado todo lo que hay que sacar, no queda otra que seguir adelante, con la mejor cara posible. Al menos, eso es lo que yo intento hacer la mayoría de días.

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