Algo debe tener el mar…

Hace unos días pregunté en mi cuenta de Instagram (a unas personas muy majas que se cruzan con lo que publico), si vibraban más con el mar o con la montaña. 

Un 83% de quienes contestaron, (si me estás leyendo, ¡gracias!), afirmaron que con el elemento marino. Y yo coincido con ellos. 

Sin desmerecer la belleza de la montaña, los bosques, los prados, y la naturaleza en general, es innegable que el mar tiene algo que a la mayoría nos remueve intensamente.

Y esto me hizo pensar… 

Y cuando pienso, escribo. 

Y cuando escribo, a veces, lo publico. 

“Ve al grano Ana”. ¡Perdón! Que me lío. 

La Luna y el Mar, el Albir, 2020

Alicante, 2021

¿Qué tiene el mar que nos atrae tanto? 

Me gusta pensar que tengo la suerte de haber nacido en una ciudad de la costa mediterránea. 

Otros tienen la suerte de haber nacido en la costa atlántica, o en la de Napali; otros, cerca del Mulhacén; otros, en las proximidades de algún parque natural; otros, en una ciudad con miles de oportunidades, y otros, en un pueblo con tradiciones admirables. 

Cada uno tiene su suerte. 

La mía es el Mediterráneo.

Por eso estoy totalmente acostumbrada a ver el mar, casi, casi, cada día. No concibo los veranos sin poner los pies a remojo en la orilla, o sin llegar a casa hasta arriba de arena (¡Cuánto odiaba esa sensación de pequeña y cuánto me encanta ahora!). 

Y aún así, a pesar de que es una estampa totalmente conocida, no puedo evitar emocionarme cada vez que me planto frente a él.

Cuando mis ojos se posan sobre esa línea lejana, me elevo, me crezco. Me siento poderosa, como si vibrase por dentro. Siento paz y energía a partes iguales.

Además cada día lo encuentro diferente. Como si 24-12 horas hubieran sido suficientes para transformarlo.

Y como él va cambiando así de rápido, pienso que quizá yo también.

Alicante, 2021

Me fascinan sus cambios de humor. ¿Te has fijado en ellos?

Los días en los que está calmado, se muestra apacible y en calma, casi aburrido. Sin embargo, en el fondo hay mucho más de lo que enseña. Está repleto de vida y de misterios que aún no comprendemos.

Los momentos en los que amanece embravecido, picado, revuelto, colérico e impetuoso, me recuerda mi naturaleza salvaje y desatada. Me inspira pasión y valentía. 

Sus olas me gritan “¡Venga Ana, joder, saca todo lo que tengas dentro, suéltate la melena, VIVE! ¡Que la vida es hoy!”. 

En cambio, los días en los que el Sol abrasa y el calor asfixia, cuando más necesito su refresco pero se muestra rabioso e impenetrable…ahí es cuando siento su enfado con el mundo, con nosotros, conmigo, con todos. Por no respetarle, por lanzarle nuestros deshechos, por nuestro consumismo compulsivo. Y entonces yo también me enfado, con él, con el mundo, conmigo, con todos.

Y sé que no soy la única en sentirlo así. Es tan auténtico al expresarse, que no podemos evitar identificarnos con él. 

Alicante 2021

¿Pero igual, cuál es el motivo de esta conexión?

Quizá al contemplarlo recordamos que estamos hechos de agua. Tal vez nos hace vibrar porque somos una porción de mar, metida en un saco que llamamos piel. 

Quizá es porque venimos de él y a él es a donde iremos, cuando nuestras cenizas se hayan desvanecido.

O quizá es porque nos alivia imaginar que nuestros problemas son como olas desapareciendo en la orilla.

Tal vez nos recuerde que la felicidad es ese instante en el que te consigues mantener a flote, ese momento en que te vences al agua, sin lucha ni resistencia. 

Ibiza, 2018

Los días más especiales, imagino que la delgada línea del horizonte es el cable que une a los que estamos en la Tierra con los que están en el Cielo. 

Para mí, es uno de los mejores medios para hablar con los que ya se han ido. 

No es el cementerio, ni siquiera las Iglesias o los lugares sagrados. Repito, no para mí.

Es en el mar, en el cielo y en mis sueños, donde les siento. Como si la brisa transportara sus respuestas.

Miss Fuentes, Ibiza 2020

Pero, por más que le dé vueltas, no consigo tener la certeza. ¿Por qué nos hace vibrar así? ¿Por qué tenemos esa conexión? ¿Qué significa?

Quizá algún día tenga una respuesta clara. 

Quizá nunca la encuentre. 

¿Y a ti, qué te inspira el mar? 

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