Días grises.

Hoy quiero aportar un matiz diferente. 

Quiero normalizar los días grises. Y además, darles las gracias. 

Para mí, los días grises son esos en los que las cosas que te atormentan te visitan mientras duermes, y te despiertas triste o con miedo.

Como si el mundo fuera un lugar inhóspito. Echas de menos tantas cosas, que no puedes soportarlo. Y además, te sientes insignificante. Como si no valieras la pena como persona.

Esos días son chungos. 

Pueden llegar sin ningún motivo. Simplemente aparece esa sensación al despertarte. 

Otras veces se deben a recuerdos dolorosos que se reavivan por algún motivo o a recibir palabras hirientes de otros.

Aunque, seamos sinceros, nadie es capaz de decirte algo tan horrible como lo que tú te puedes decir a ti mismo. 

*Dejo al margen de esta clase de días los que vives algo especialmente doloroso. Esos están hechos de otra materia.

El caso es que esos días que sufres sin mucho sentido, son totalmente normales. Tod@s pasamos por ellos. ¡Y no pasa nada! No hay que hacer un drama. 

Quiero además darles las gracias por existir. De verdad. Porque pasar por ellos hace que los días con luz molen mucho más. 

Los días que suena el despertador temprano porque tienes un viaje con amigos, o porque sales a practicar deporte, o has programado una escapada a la naturaleza… o te planteas un días de relax absoluto… o incluso las jornadas de trabajo productivo, esas que te molan y te hacen sentir útil… 

Todos esos días que ya son geniales de por sí, son el doble de mejores gracias a los días grises. 

Otra cosa muy guay de los días grises es que te ayudan a pensar. Al menos yo pienso mucho los días grises. Me analizo. Veo qué pasa. Qué echo de menos y por qué. Veo los síntomas y detecto mis patrones de pensamiento. 

Miro de frente a lo que me hace sufrir. A las cosas que no acepto de mí misma. A mi sombra (ya te hablaré de ese concepto en otro post, ¡hay tanto que decir!).

Y es el momento en que hago esos ejercicios que los expertos de la mente recomiendan. Cuando digo “venga Ana, deja de posponerlos, ponte con ellos”.

Son los días en los que más me permito cuidarme. Me doy una tregua en mi conversación mental. Pueden incluso llegar a convertirse en días maravillosos, si consigo darme cariño (no lo espero de otras personas, esto hasta me podría hacer empeorar).

Ojo, que no siempre me sientan así. A veces simplemente cierro los ojos, aprieto los puños y deseo con fuerza que el día termine. No siempre tengo la misma fuerza. 

Entonces, 10 cosas que suedo hacer cuando tengo un día de estos (¡aunque hay muchísimas más!): 

  1. Lloro si lo necesito.
  2. Escribo. Lo que llevo dentro o lo que me nazca. Existe un diario muy chulo, que ayuda con estas cosas. Todo se ve de otra forma después de escribirlo o pintarlo. Muchos artistas han creado sus mejores obras en días como estos.
  3. Leo una novela o veo las películas / series que me apetece y que siempre pospongo porque “tengo cosas que hacer”. 
  4. Medito. Es día de poner una de esas sesiones guiadas.
  5. Hago los deberes de la terapia de la Niña interior que trabajé con Nerea Panera.
  6. Leo algún libro que me ayude a detectar mis heridas, normalizarlas, sanarlas y encontrarle un sentido a la vida. Como “Tus zonas erróneas“, “El Contrato Sagrado”, “No soy Yo”, “Sobre el Duelo y el Dolor”, “Los 4 acuerdos”, etc.….  ¡Hay muchos!
  7. Me pongo música y la escucho.  
  8. Salgo sola a dar un paseo. Si puede ser, busco naturaleza.
  9. Me pongo un podcast que me inspire. Como los de Entiende tu Mente, por ejemplo.
  10. Hablo con las personas que me inspiran y detecto que son vitamina para mí. Las que me transmiten buen rollo. Las que me animan sólo al leer sus palabras o escuchar su voz. Quizá son amigos, quizá es familia o quizá es un psicólogo.
  11. Plus: Si coincide con un día laboral, intento poner toda mi atención en trabajar.

Parte de la terapia de trabajar la Niña Interior.

Así que gracias días grises – días vampiro. Gracias por darme la oportunidad de ver que quedan cuestiones por sanar. y dejar ir. Y gracias por permitir que llegue la hora de dormir.

La clave para mí es que sean días. No épocas. 

*Si sientes que son épocas, que no puedes dormir y que todo sabe amargo… de verdad, busca un terapeuta profesional.

¿Cómo haces tú para pasar esa clase de días?  ¿Cómo consigues ver la luz de nuevo?

Me encantaría conocer tus trucos 😉

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