El bloqueo.

Últimamente me sentía bloqueada. No sabía qué escribir ni qué hacer con mi vida. Sé que no es porque no tenga nada que decir, ni tampoco porque no tenga ilusiones. 

Tiene más que ver con el hecho de que a veces quiero hablar de tantas cosas y hacer tantas otras, que termino sin elegir ninguna. 

Me pasa muchas veces. 

Por ejemplo con los viajes. *Bueno, ahora mismo, en la era Covid, más bien “me pasaba cuando se podía viajar”. Hay tantos sitios a los que quería ir, que terminaba sin elegir ninguno. 

Me pasa también cuando me acerco con gula y una pizca de hambre a la nevera. Me planto frente a ella pero como no sé qué comer, no cojo nada. (Bueno, siempre que no haya chocolate ;p).

Igual con los planes de fin de semana. Pienso en diferentes planes, distintos sitios, horarios… Y al final, suelo hacer nada o lo mismo de siempre. 

Incluso con las compras. Llevo meses buscando un monitor para mi escritorio/oficina improvisada. Y un altavoz. Tengo varios en mente, pero aún así no me lanzo. ¿Y si hay alguno mejor? 

¿Cortarme o no cortarme el pelo? ¿Una relación u otra? ¿Un escrito o el otro?

Me doy cuenta de que me presiono para elegir la mejor opción. Quiero lo que vaya a resultar perfecto. Lo que cuadre 100% conmigo. 

Y con tanta perfección que busco, al final no elijo nada. Porque nada es perfecto.

Lo llaman parálisis por análisis. 

Aunque en realidad, pienso que es miedo a comprometerse con las consecuencias de aquello que eliges. 

Porque toda elección viene con consecuencias.

Y creo que le pasa a bastante gente. Perfeccionistas y exigentes, solemos decir orgullosos. Desgraciadamente, cada vez identifico a más personas con este patrón tan innecesario y paralizador.

 

¿Por qué entonces este miedo a elegir? 

Leí una vez que toda elección implica un duelo, porque significa que hay algo que pierdes. 

En todo a lo que digas “sí”, hay un opuesto al que estás diciendo “no”. 

Si te pones los vaqueros, le estás diciendo que no al vestido. Si te comes el pollo, le dices que no al pescado. Si quedas con una persona, le dices que no a otra. Y así con todo: trabajos, ciudades, noviazgos, viajes, oportunidades, dinero… 

¿Por qué Steve Jobs siempre elegía el jersey negro de cuello alto? No sólo ahorraba tiempo, ya no había duelo que hacer cada mañana.

Quizá a quienes nos cuesta decidir, realmente lo que nos cuesta es perder. A lo mejor es que somos tan conscientes de esa parte que perdemos, que no nos sentimos preparados para ello.

 

No obstante, últimamente he empezado a sentirme más segura. Gracias al apoyo de quienes me rodean y a un profundo trabajo de auto-comprensión y auto-aceptación. Un cúmulo de situaciones que me están ayudando a decidir más. Y creo que también, a hacerlo mejor. 

Siento que estoy perdiendo el miedo a perder. Porque me he dado cuenta de que a lo largo de mi vida he perdido bastantes cosas y personas, materiales e inmateriales, incluso a mí misma en ocasiones. Y aún así, sigo viva y rodeada de amor y cariño. Y ahora además, con mi propio cariño re-descubierto. 

También me es más fácil, porque he aprendido que aquello que debe ser para ti, volverá de alguna manera. Siempre vuelve, si toca. En cambio, lo que ya no te corresponde, por mucho que te empeñes, se irá para siempre. Y esto es maravilloso, porque sólo así queda espacio para nuevas oportunidades. 

Eligiendo sobre qué escribir…

Esto me ha llevado a darme cuenta de que en el fondo, no elegimos nosotros lo que es nuestro y lo que no. Por mucho que nos creamos elegirlo, luchar y merecerlo, no es nuestro. Es la vida quien elige lo que nos corresponde. Ella nos lo da y ella nos lo quita. 

¿Acaso tienen éxito todos los que trabajan duro, como a veces se dice? Estoy convencida de que millones de campesinos han trabajado más duro que tú y yo, y probablemente, ambos estamos disfrutando de mejores condiciones. Estamos teniendo más “éxito” que ellos. 

No es una cuestión de justicia, ni de merecimiento. Al menos, no del realizado durante la vida que conocemos…

Así que no. No es “sólo” trabajo duro. Es la vida, o el Karma, o Dios, llámalo como quieras. Para mí es algo ajeno a nuestro ego, el encargado de decidir lo que nos toca. 

Por eso, a partir de ahora me propongo decidir a pesar del miedo. Decido ser quien soy y elegir en base a ello. Y lanzarme con lo que sea, pero hacerlo. Aunque me equivoque. Aunque pierda. 

Sólo así, decidiendo y perdiendo, podré ganar algo a cambio. 

Adiós bloqueos.

Y tú ¿Te has sentido bloquead@ alguna vez? ¿Cómo sales de ahí? 

Cuéntame. 

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