Uno de los frenos al cambio.

Mientras escribía el post anterior sobre el cambio, me venían muchas más cuestiones a la mente. Trato aquí sólo una de ellas.

En ese artículo (te lo dejo aquí por si lo quieres leer), te cuento que estoy convencida de que todas las personas podemos cambiar, si queremos. Todos. Sólo depende de lo que nos propongamos y los límites que visualicemos.

*En todo caso me refiero a un cambio que para ti sea una evolución positiva, porque lo deseas, y que no provoca un daño objetivo en nadie. No me refiero a un cambio en el que dejes de ocuparte de tu familia (hijos, responsabilidades, etc.), o que dañes o maltrates. Sólo el hago el inciso, no sea que no se entienda así*.

Al margen de otros aspectos (que son cuestiones de tal envergadura que se deben abordar al margen), he observado que a veces el freno al cambio surge del miedo a que no le guste a todo el mundo. Además de la dificultad y esfuerzo que implica. 

Te explico en parte por qué pienso yo que pasa esto. 

El cerebro humano no está preparado para buscar un cambio porque sí. Se adapta en la medida de lo posible a lo que llegue, pero no desea cambiar por amor al arte. Es una máquina de eficiencia, y como tal, persigue la estabilidad y la mejor forma de conseguir resultados con el menor esfuerzo posible.

Tu cerebro sólo se adaptará por voluntad propia si no queda alternativa. Si te sobreviene un entorno nuevo y es imprescindible para su propia supervivencia (que no la tuya).

Por ese motivo, si quieres un cambio, hay que forzarlo mucho. Y ser constante en ese esfuerzo.

Así que en general los seres humanos tenemos todos un rechazo al cambio. Tanto interno como externo.

En más ocasiones de las deseables, cuando vemos que uno de nuestros seres queridos cambia, nos lo tomamos a mal. Como si fuera una ofensa personal. 

Aunque en realidad no tenga nada que ver con nosotros (nos guste o no, la única vida que nos pertenece es la propia).

Y lo que queremos evitar es esa frase recriminatoria: “has cambiado”. Con el tonito acusador tan característico. Todos la hemos escuchado. Bien porque ha salido de nosotros o nos la han lanzado.

Unos lo habrán vivido siendo más niños y otros ya más mayores. Porque la tontería no entiende de edad.

El caso es que si quieres cambiar y estás preocupad@ por esa clase de reacciones, ya te  adelanto el mal trago: probablemente no te vas a librar.

Es muy posible que alguna de estas frasecitas cargadas de miedo, te caigan encima.

Dependerá de la madurez de las personas que están en tu entorno, claro. De lo independientes y seguros que sean. Y de que realmente te quieran. 

*Entiéndase por amor, uno real, de los que van desprovistos de ego. No esa clase de amor que necesita a la persona cerca y estable a lo largo del tiempo, sino ese que simplemente ama lo que se es en cada momento. 

Si tienes este tipo de entorno… ¡enhorabuena! Probablemente tu cambio sea bien recibido e incluso te animen y te ayuden a hacerlo. 

Pero no puedes decidir según la respuesta. Porque eso te quita tu poder y tu libertad, que son tuyos por derecho. 

Si sientes ese deseo de evolucionar, ese espíritu de hacer algo que antes nunca te habías atrevido… Incluso cosas que antes no te llamaban la atención pero ahora sí… Yo te animo a hacerlo. Es una llamada que estás sintiendo por alguna razón. Y es el momento de explorarlo.

Si no lo haces ahora… probablemente no lo harás nunca. 

Hace dos días una amiga me habló del concepto japonés del “Ichigo Ichie”. Yo no sabía lo que era, así que le agradecí enormemente esa píldora de conocimiento 😉

Me contó que en la cultura japonesa, se dice “Ichigo Ichie” para recordar que “lo que está ocurriendo ahora nunca más va a repetirse” o “una vez, una oportunidad”. 

El “ahora o nunca” de la cultura occidental. 

Seguro que lo has dicho muchas veces: “ya lo haré”, “ya quedaremos”, “ya me iré de viaje”, “ya saldrá”, “la próxima vez me esforzaré más”… pero luego no sale nunca. 

Porque algunos trenes, como bien dice la frase, sólo pasan una vez. 

Así que no esperes más a hacer algo. Hazlo ahora. Y esfuérzate lo máximo ahora.

Sé que suena a catastrofista, porque en nuestra sociedad no está bien visto hablar de la muerte. Pero de verdad, te llegará. A ti y a todos.

Y que sepamos (al margen de las creencias espirituales), sólo tenemos esta vida. 

Así que aprovecha el impulso y la ilusión cuando te embriaguen. Serán tus aliados. 

No pienses en aquellas personas que quizá se enfaden o que puedan dejarte de lado cuando hagas un cambio que tú deseas. Quizá te sorprendan. Y si desaparecen, en el fondo te estarán haciendo un regalo. Porque su compañía estaba condicionada a una parte de ti que no deseas.

Tú eliges lo que es bueno o no en tu vida. Tú decides tus deseos y en lo que pones tu energía. No lo puede decidir nadie más. A eso se le llama “tomar las riendas de tu vida”.

¿Tú qué opinas? ¿Te ha sucedido alguna vez?

2 comentarios en “Uno de los frenos al cambio.

  1. Gracias Ana por compartir! Me ha sucedido y me sigue sucediendo pero lo bueno de ahora (después de ir practicando) es que soy consciente de ello cuando me pasa y puedo trabajar para mejorarlo. Creo que si llego a “tomar las riendas de mi vida” de verdad al 100% me daría una gran paz.

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    1. Sí así es! El “tomar las riendas” como decimos, al final se trata de responsabilizarse. Y eso, aunque nos dé miedo, también nos da un gran poder sobre hasta dónde podemos llegar…

      ¡Muchas gracias por tu comentario! Y ánimo, estoy convencida de que ya vas encaminada 😉

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