Constante como una hormiga.

Hoy he escuchado un episodio del podcast “Desarrollo profesional” de Mattia Pantaloni en el que habla sobre cómo practicar la constancia. Si no lo conoces, te animo a visitar su web y escúchalo. Estoy convencida de que alguno de ellos te gustará, ¡tiene más de mil! *Abajo del post te dejo el enlace.

Como suele pasarme cuando escucho podcast de personas con las que conecto (aún sin conocerle),  me ha hecho pensar. Y eso me inspira a escribir y aportar “mi granito” en el tema.

Allá voy: 

Mis compis de vida (de casa, del cole, del instituto, de la universidad e incluso del trabajo) siempre han destacado en mí una cualidad que a ellos les resultaba muy buena. Me han visto siempre como una persona muy constante. Como una hormiguita

En parte es cierto. Para mí es muy difícil eso de “pegarme la panzada” a estudiar o a trabajar una noche y aprobar el examen o sacar el trabajo de una semana. Me siento mucho más cómoda haciendo “un poquito” cada día. 

En este sentido, para mí es vital mantener una rutina, pase lo que pase. Tener un horario fijo es clave para no distraerte con cuestiones que pueden ser atractivas, pero que no te llevan a lo que quieres alcanzar/hacer. 

Quedar con algún amigo una tarde entre semana puede ser relajante, divertido, sanador o lo que quieras, pero si tienes un objetivo muy claro y tienes marcada una rutina, sabes que esos días no están disponibles (esos o los que sean, quizá prefieres bloquearte el sábado por la tarde, viernes o domingos). 

Suena rígido y estricto, pero c’est la vie, mon ami. Si quieres conseguir algo, no queda otra que hacerlo. Y eso supone destinar tiempo y concentración. Todo tiene su precio, tanto pasarlo bien como trabajar duro. Cuando tienes un objetivo o un proyecto muy claro, hay períodos de la vida en los que toca elegir.

Es cierto lo que dicen mis amigos sobre que soy una persona constante, pero a la vez me distraigo y me despisto porque tengo muchos – MUCHOS- intereses e ilusiones. Diferentes proyectos en mente a los que no doy salida. 

Mira, te cuento algunas de mis ilusiones: Quiero escribir varias novelas, lanzar un podcast, meditar a diario y en retiros, aprender de nutrición, cocinar recetas nuevas, escribir más en mi libreta/diario, leer otras novelas, aprender sobre emociones y psicología, trabajar en proyectos cuyo producto/servicio me emocione, indagar en arquetipos, indagar sobre nuestra historia, sobre ciencia y salud, aprender de jardinería y cuidar mis propias plantas (¿quizá un huerto?), aprender sobre decoración, leer y hablar sobre espiritualidad, aprender meteorología (¡me encanta!), visitar rincones nuevos en mi propia ciudad, jugar a voleibol, hacer más yoga, asistir y organizar eventos, excursiones y viajes, aprender de fotografía, montaje y edición de vídeos, diseño, montar puzles, pintar, mejorar mi inglés/francés y aprender italiano… Ah, y dormir 8 horas. En fin… 

Como te podrás imaginar, me sentía reflejada con Mattia, porque él hablaba de las veces que empezaba proyectos que le llamaban la atención, pero al tener tantos en el aire, no seguía con uno en concreto. 

Por eso creo que, como dice Charuca, hay que poner el FOCO en lo que es realmente importante para uno mismo. Ser consciente de lo que se quiere a medio-largo plazo es crucial para no desviarse en las “pequeñas” elecciones del día a día. Esto es lo que estoy aprendiendo y experimentando ahora con este blog.  

Mattia comentaba otra cosa que podemos hacer para implementar ese hábito, aprendizaje u objetivo: ponérselo fácil

Esto suena muy obvio, pero es totalmente cierto y no siempre lo hacemos. Es algo que también estoy experimentando a través de este blog. Llevo pensando en lanzarlo desde hace años. AÑOS. Pero no terminaba de comprometerme porque no sabía cómo hacerlo perfecto: que fuera bonito, profesional, en el horario ideal, etc. 

Al final, he conseguido una plantilla en WordPress, he sacado el logo por arte de magia, y lo he lanzado. Algunos artículos están más trabajados, otros no tanto. Pero van saliendo. Lo ideal sería que fueran todos perfectos, aunque entonces nunca lo lanzaría. Y no podría quitarme esta espinita interna.

Mattia ponía el ejemplo del ejercicio. Como te conté en este post y en este otro, también viví un cambio respecto a este tema. Al parecer, él opta por la misma opción que yo para ponérselo fácil: hacerlo por la mañana. Así te aseguras que ese día has cumplido con ese ratito para ti, evitando que te lo impidan distintos imprevistos. 

Claro que cada uno debe seguir sus ritmos y sus intereses, y elegir en base a ello. Ser conscientes, yo la primera, de que si quieres hacer algo nuevo, no te queda otra que quitarte tiempo de otro “algo”

Si quieres hacer ejercicio, quizá tengas que quitar tiempo a ver una serie. Si quieres estudiar un Máster, tendrás que quedar menos con amigos. Si quieres meditar, deberás quitarte tiempo de las Redes Sociales… o algo así. 

Es cierto que a veces te llegan circunstancias que te rompen esa rutina. Por ejemplo, el lunes tenía mis horas de escrituras marcadas en la agenda, pero me tocó destinar ese tiempo en una linda visita al hospital. Nada grave. Tan sólo ese tiempo que parece lanzado al vacío. 

Lo más valioso de lo que dispones es tu tiempo. Es lo único que no se puede regenerar. Todos tenemos 24 horas-365 días. Bill Gates también. 

Si un día no puedes cumplir, no eches el resto de días por la borda. Sigue con ello, como si nada.

Honoré de Balzac, uno de los novelistas franceses más conocidos del siglo XIX, comenzó con 30 años a escribir por pura necesidad económica. Puso tanto empeño, que llegó a convertirse en pocos años en el autor más prolífico de París, además de un personaje de moda. Escribía alrededor de 15 horas al día en la tranquilidad de la noche y bebiendo litros de café negro. Eso sí, este hábito le pasó factura, perdiendo su vida con 51 años. Como te decía antes, todo tiene un precio. 

Por eso ni tanto ni tan calvo. Equilibrio y constancia. Foco. Hacerlo fácil.

Mattia también afirmaba en este episodio, que sólo aquellos proyectos que ha abordado desde un prisma constante, han sido los que ha desarrollado y en los que ha conseguido lo que tenía propuesto

Constancia, constancia, bendita constancia. 

Tendremos que aprender más de las hormiguitas.  

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