Nadie sabe nada

Recuerdo cuando hace poquitos años, médicos y nutricionistas afirmaban que había que comer cada 3 horas. Desayunar era la comida más importante del día, y si decías en voz alta que no comías nada por las mañanas, era como decir que te inyectabas veneno. 

El pescado era bueno en cantidades justas. El vaso de vino en las comidas, saludable. El pan y los cereales, la base de la alimentación. 

Y sin embargo ahora, la moda y lo ideal es ayunar, comer 2 veces al día, desterrar el pan de tu vida, nada de alcohol, pescado a tope, olvida la carne. El demonio en la Tierra, el azúcar. 

En otro sector, la pana queda bien un año y al otro no. Los pantalones de campana son lo mejor durante un tiempo y una aberración un poco después. 

La Tierra es plana, pero años más tarde es redonda. Si te encontrabas mal, te hacían sangrar para curarte. Nada de lavarse las manos. Era ciencia. Y otra mucho más reciente: usar mascarillas para protegerse es de locos, pero días después, locura es no llevarla. 

Es indiscutible que la ciencia avanza. Se saben ahora muchísimas más cosas que antes. Y la calidad y esperanza de vida mejora.

 

Pero cuanto más se investiga, mayor constancia hay de lo que que nos queda por conocer. Lo que hoy es certeza, mañana puede no serlo. Lo que hoy es blanco, quizá en unos años sea verde. Quizá resulte que no era tan sencillo.

Por eso pienso que hay que huir de las personas que nos venden una solución o una afirmación como la única verdad indiscutible. Aunque sea bajo preceptos científicos. Me da igual el tema en realidad. Porque todo tiene matices.

Si bien pienso que hay que ser capaces de demostrar cierta autoridad en materias que conocemos y guiarnos por ello, también creo que la humildad y la curiosidad son motores de crecimiento. 

Y no es fácil para mí escribir esto. Yo era de esas personas que con saber un poquito, ya pensaba tener la respuesta absoluta. Hoy por hoy, con cada libro que leo, persona con la que hablo, o podcast que escucho, me doy más cuenta de lo poco que sé. De lo mucho que me queda por aprender.

Es bueno evitar caer en lo que sucede cuando no hay un conocimiento real, y es que todo parece muy sencillo. Si profundizas, encuentras la complejidad de las materias que se tratan en conversaciones banales.

Por ejemplo, la infidelidad. “No entiendo cómo no le ha dejado; eso no se perdona”, “¿has visto que han vuelto? qué tonta”. ¿Pero es realmente tan sencillo? ¿Cuáles son las causas de esa infidelidad? ¿Quién ha sido infiel en esa pareja, el que se acuesta con otro o el que maltrata a su pareja? 

Otro tema, los hábitos. Yo me empeño en decirle a mi familia los hábitos saludables que tienen que adoptar. Porque son los que creo que a mí me van bien y los que muchos médicos recomiendan. Pero ¿realmente me estoy poniendo yo en su piel? No. 

El emprendimiento. Para unos, algo sencillo, porque les va bien desde el principio y animan a cualquiera a sumarse de cabeza. ¿Y si está alentando a hacer algo sin sentido a una persona que realmente no tiene las cosas claras? Para otros, un pozo de frustración. Lo des-recomiendan o previenen de los dolores de un hipotético camino. ¿Y si está siendo un freno para el que tiene ganas y un plan organizado?

Si nos metemos ahora en el tema de nutrición con el que he arrancado: si no haces ayuno, mal, y si quieres adelgazar, la clave es comer menos de lo que gastas. Bueno, pues no es tan sencillo. Hay muchas condiciones por el camino que cambian las reglas del juego.

Lo mismo con terapias médicas, psicológicas, espirituales, deportivas, formas de vivir, de pensar, trabajos, amores, etc.

Cada uno tiene sus circunstancias, sus experiencias, su propia realidad y sus intereses. Y hay que aceptar que el conocimiento evoluciona y se transforma con el tiempo

Hoy se sabe mucho menos de lo que se sabrá mañana.

He hecho la reflexión hace poco y he tomado la decisión de pensármelo dos veces cuando voy a hacer una afirmación. Sobre lo que sea.

¿Realmente sé lo que estoy diciendo? ¿Cuáles son las probabilidades de que esto cambie? ¿Lo que ha funcionado para mí, le podría servir al resto? ¿Por qué no pruebo yo eso que está diciendo esta persona, aunque a priori no lo vea? ¿Por qué no escucho un poco más y hablo un poco menos?

Creo que es mucho más gratificante aprender del debate, y no de la confrontación (aunque al ego le encante salir a escena).

Soy consciente de que no es sencillo, más cuando crees que tienes ciertos preceptos muy claros… Además, muchas veces buscamos la verdad y la afirmación en otras personas, que nos liberen de la propia investigación, lo que induce a ser más taxativos socialmente.

En mi experiencia, desplegar las alas de la imaginación y escuchar otra visión, dándole crédito al menos durante un momento, puede llevarte a un lugar insospechado…

Resulta muy inspirador escuchar a grandes científicos y pensadores abordar sus propias investigaciones desde una perspectiva humilde y abierta al debate… A mí, me inspiran mayor confianza.

¿Qué opinas? ¿Crees que hay que huir de las afirmaciones rotundas o por el contrario, nos falta rotundidad en los mensajes? Me encantaría leerte 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s