Querida Ansi,

Te escribo esta carta porque quiero mejorar nuestra relación. Ya que va a ser para siempre porque formas parte de mí, me gustaría que conviviéramos en equilibrio de ahora en adelante.

Antes que nada me gustaría darte las gracias. Sé que si estás conmigo es para protegerme, para que no me haga daño. Desde pequeña me has acompañado en cada situación sospechosamente peligrosa en la que me he metido.

¿Te acuerdas de esas noches que hemos pasado juntas antes de empezar el cole? ¡Cuántas horas habremos permanecido despiertas, imaginándonos historias sobre lo que encontraríamos al día siguiente!

Recuerdo que cuando llegaba el gran día, me mantenías alerta para que me acercara a las personas más parecidas a mí, para asegurar mi supervivencia durante ese curso.

Reconozco que me animabas los días que tenía una cita. Me incitabas a ponerme guapa, a buscarme ropa bonita, a maquillarme bien… no sé, me hacías que sintiera ilusión. Y ya cuando me enamoraba ¡hacías que todo se magnificara! Cualquier detalle bueno o malo, se multiplicaba, en parte gracias a ti. Y eso tenía su parte bonita.

Bueno, bueno, ¿y los nervios de los exámenes orales de la Universidad? Algunos períodos me ayudaste a apretar y a aprobarlo todo, pero también me la jugaste alguna que otra ocasión. La primera vez que me enfrenté al Tribunal de derecho Procesal para el examen oral, me dejaste completamente en blanco ¡Ya te vale! Igual que en los exámenes de Matemáticas de las Operaciones Financieras, ¡que no me dejabas pensar! Cambiaba los + por – en fórmulas bien desarrolladas, con un resultado que daba pena.

Por otro lado, me ayudaste a caminar por calles seguras y a no meterme donde nunca he deseado entrar.

En fin, que entiendo tu función. Sé que intentas protegerme a tu manera. Solo que a veces, se te va de las manos y nos pasamos de rosca.

En los últimos años, tu prolongada compañía ha ido cavando un hoyo que se está haciendo demasiado profundo. Si caigo, sé que ya no habrá manera de salir de él.

Una señal de ello, fue hace un par de años, las primeras semanas en Madrid. Cuando me metía en el autobús para ir y volver de trabajar. No sé qué hacías exactamente ahí conmigo, porque todo estaba bien, pero aún así me acompañaste y me diste unos cuantos sustos. En varios de aquellos trayectos, hiciste que me faltara la respiración. Estaba yo ahí sola en el asiento, sintiendo cómo inspirar se hacía más difícil y me faltaba el aire. Recuerdo cerrar los ojos y estar convencida de que me iba a morir en ese mismo instante. Y esa certeza de muerte se incrementaba cuando pensaba que no me iba a despedir de mi familia ni de mis amigos. Que me moriría allí sola, en un autobús rodeada de extraños, en un atasco a la salida de Alcobendas.

Aquella sensación era tan real y a la vez, tan surrealista… que sólo podías ser tú. Sé que estabas detrás de aquellos ataques de pánico. 

Ahora estás jugando conmigo a ver si encuentro mi período menstrual. Estos años con amenorrea, que cada vez son más perjudiciales, así que está dejando de tener gracia.

Sospecho que andas detrás de nuevos proyectos en mi cuerpo. Quería que supieras que mandarme síntomas de enfermedades autoinmunes, no es buena idea.

No me ayudó que en uno de los picos de trabajo más altos, se me hincharan los dedos de mis manos, pies y tobillos, hasta un punto que no podía ni tocarlos. Ni tampoco ese cansancio en todo el cuerpo, que me dificultaba hasta pensar.

En ese momento supuse que era el frío y los nervios, pero que se mantuviera así durante meses y la analítica de sangre, revelaron que podía tratarse de algo más grave.

Sí, ya sé lo que me vas a decir. “Ana, pero eso son los genes”.

Claro, los genes tienen mucho que ver en todo esto. Pero ya se sabe que no son todo. El estilo de vida, los nervios, la manera de pensar, el estrés y tú, mi querida ansiedad, también jugáis un papel importante en la salud a nivel físico, además de mental.

Cuando la balanza se desequilibra, cuando pesas más que mi ilusión y mi alegría, no me dejas relajarme, no me das un respiro. Esos días , pienso continuamente en el miedo a fallar, a perderlo todo.

Sabes que ahora estoy viviendo una época muy dulce. He vuelto a conectar con una pareja que me quiere, me apoya y me respeta, a quien además, admiro y quiero. Mi familia está bien, y además me quieren y están conmigo. Incluso mi padre, desde Cielo, es el vigía de mis sueños. Yo misma me siento más abierta y en armonía con los míos. Encima gracias a la pandemia, vuelvo a vivir en la ciudad donde consigo sentirme en casa. He mejorado mis habilidades y confío más en mis talentos.

Por eso quería decirte a través de esta carta, que te agradezco mucho tu ayuda, y que ahora es momento de equilibrar nuestra relación. Yo no necesito que tomes el mando.

Cuando tú diriges mis acciones, siento que la vida es peligro, y por tanto debo ir despacio y no arriesgarme. Como si mientras yo intento acelerar, tú me haces pisar el freno y poner el freno de mano mientras tanto, no sea que nos choquemos, nos equivoquemos o lo perdamos todo.

Soy consciente de que todo puede cambiar en un día, para mejor o peor. Pero ya no quiero enfocarme más en los miedos. Ya no quiero tener puesto el pie en el freno.

Quiero aprender a confiar en que pase lo que pase, sabré manejarlo. Que lo haré siempre lo mejor que pueda. Y punto.

Por eso te informo, ansiedad, compañera, de que nos tomamos un kit kat (de los sanos). De que ahora en adelante voy a “hacer” sin pensar tanto. Voy a vivir sin miedo a vivir. Voy a fluir. Voy a Ser.

Quiero que tengas en cuenta mi elección y te relajes conmigo.

Con cariño,

Ana. 

Foto de Dominica Ripoll

*Foto de Dominica Ripoll.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s