Hubble, el buscador de estrellas

Este mes, la NASA y la Agencia Espacial Europea celebran el cumpleaños de uno de los telescopios más grandes del mundo que crearon en conjunto. Se cumplen 32 años desde que lanzaron al espacio el primer telescopio de la historia, el Hubble

El martes 24 de abril de 1990, a las 8:33h, la lanzadera espacial Discovery despegó de la base de Cabo Cañaveral, en Florida, en una misión espacial para poner en órbita el telescopio. Una vez en el espacio, el Hubble se desacopló de la lanzadera quedando en órbita el día 25 de abril. 

Desde entonces, el Hubble completa su órbita alrededor de nuestro planeta cada 96 minutos, a una distancia de 575 Km sobre la superficie de la Tierra.

Lo especial de este telescopio es el gran diámetro de su espejo principal, 24,4 metros, que supuso 20 años de trabajo y unos 2.000 millones de dólares. Por esta razón es capaz de captar imágenes en zonas remotas del Universo, aportándonos información inédita sobre EL origen y LA evolución.

Hace tan sólo unos días, el telescopio ha detectado la estrella más lejana (para nosotros) del Universo: Eärendel, que ha recibido este nombre por un poema de Tolkien*. Esta estrella existió cuando el Universo aún era joven, pero desapareció tras una gran explosión. Su luz ha viajado 12.900 millones de años hasta ser detectada ahora por nosotros. El descubrimiento, en el que han participado investigadores del CSIC y la Universidad del País Vasco, supera el anterior récord de distancia que tenía Ícaro, otra estrella observada también por el Hubble a 9.000 millones de años luz. Haber captado la luz de Eärendel, que a la mayoría de los mortales nos puede parecer una mera curiosidad, en realidad nos va a permitir remontarnos todavía más atrás en el origen del Universo y obtener más respuestas… 

Telescopio Hubble

Volviendo al telescopio, este recibió su nombre en honor al científico Edwin Hubble, a quien se le atribuye el descubrimiento de que el Universo se encuentra en expansión, estableciendo los cimientos de la teoría del Big Bang. Hoy en día esto es algo completamente aceptado, pero en su momento el propio Einstein lo desconocía y pensaba que era estático. Así que ya te puedes imaginar el boom que supuso esta noticia.

Conocer su historia me encantó, porque es el ejemplo de alguien que habiendo estudiado algo que no disfrutó (en su caso Derecho), terminó dedicándose a su verdadera vocación, la astronomía y la observación del cielo. En lugar de identificarse con la identidad de un hombre de leyes, un jurista, se atrevió a ser Astrónomo. Este tipo de historias me inspiran fe en la vida y en el potencial que tenemos todas las personas, por eso te la traigo aquí.  

Como de costumbre, le paso a él mi teclado para que sea él quien te aclare todos los detalles…


Nací en Misuri, el 20 de noviembre de 1889, en una casa con varias hermanas. Mi padre era un ejecutivo de seguros y mi madre, lo más habitual en la época, cuidaba de la casa y de sus hijos.

Al contrario de lo que puedes pensar porque soy científico, los deportes se me daban bastante bien. Sacaba buenas notas en el colegio, pero donde realmente destacaba era en atletismo. Incluso sacaba malas notas en ortografía…

En 1910 entré becado en la Universidad de Oxford para estudiar Derecho, gracias a mis estupendas condiciones como atleta. Por aquel entonces, las becas en dicha universidad no eran habituales, se reservaban tan sólo a los grandes líderes de sus materias. La mía era el deporte. Lo ganaba todo: en el boxeo, en Water Polo, baloncesto… lo que fuera. Lo que me hacía tener un ego quizá un poco más elevado que el resto de mis compañeros…

En mi juventud también fui un poco mujeriego, rompiendo otra vez el estereotipo del científico. Incluso seduje a la mujer de un oficial alemán, que al darse cuenta, me desafió a un duelo. Como no tenía malas intenciones, accedí para ayudarle a limpiar su honor, pero lo hicimos desarmados dentro de una librería. Uno poco ficticio, ¿verdad? (Me calmé más tarde, en 1924, cuando me casé con una espléndida mujer llamada Grace Lillian, que siempre estuvo a mi lado).

Grace Lilian y Edwin Hubble

Durante los años en la Universidad estudiando Derecho me lo pasé muy bien con las chicas, las fiestas, y el deporte, pero no puedo decir que aquello me apasionara. Me faltaba algo que no encontré en esas materias.

Después de invertir 3 años de mi vida estudiando en Oxford, decidí volver a mi hogar con mi familia en Kentucky y replantearme qué quería hacer. Decidí impartir clases de Física y de Español en el instituto, materias que me fascinaban desde niño, mientras me decidía. .

Y a partir de ahí, cuando me sinceré por el amor a la ciencia y a observar el cielo, la vida empezó a mostrarme el camino. Sólo puse en práctica mis conocimientos de Derecho durante un breve período de tiempo en el que me dediqué a la abogacía. Confirmé que no era lo mío y lo dejé estar para siempre. 

Me apasionaba mirar el cielo en búsqueda de nuevas estrellas o elementos desconocidos. Cuando me sentaba frente al telescopio, ponía mis cinco sentidos en ello, me sumergía en la oscuridad del Universo y me dejaba llevar, fluyendo con el paso del tiempo. Encontraba objetos, los fotografiaba y los publicaba. Reencontrar aquella pasión fue un regalo para mí.

No sabemos por qué nacemos en el mundo, pero podemos tratar de descubrir qué tipo de mundo es, al menos en sus aspectos físicos.

Edwin Hubble

En 1914 acudí a la Universidad de Chicago donde tienen el Observatorio de Yerkes. Allí realicé mi doctorado sobre una investigación acerca de nebulosas fotografiadas. La tesis fue tan bien recibida, que en 1917 me ofrecieron un puesto como profesor. 

Pero en abril, Estados Unidos declaró la guerra a Alemania, así que me vi obligado a apartar durante 3 años mis aspiraciones profesionales y acudir a Francia para cumplir con mis deberes como ciudadano americano. 

A mi vuelta, después de haber visto tanta muerte y horror, tenía las ideas mucho más claras sobre lo que quería hacer con mi vida. El cielo era mi pasión y quería dedicarme a ello el resto de mi vida. 

Cada noche me hacía cuantiosas preguntas para las que no tenía respuesta. Intentaba encontrar en el cielo un atisbo de información. Pero siempre llegaba a la misma conclusión: todo esto es mucho más grande que yo y yo sólo no puedo entenderlo. Sólo confío en hacer mi trabajo y después me olvido de ello.

Hice las maletas y me fui a la ciudad donde tuvieran el mejor observatorio de Estados Unidos. Así fue como en 1919 comencé a trabajar en el nuevo observatorio del Monte Wilson en California, donde tenía acceso a un telescopio de 254 centímetros, por aquel entonces el más potente del mundo. 

Gracias a este maravilloso instrumento, me dediqué a descubrir y fotografiar la nebulosa de Andrómeda, en concreto las estrellas de uno de los brazos de su espiral. 

Entre esas ellas encontré algunas cefeidas, y aplicando la ley de Henrietta Leavitt calculé la distancia de la nebulosa en 800.000 años luz. ¡Nunca hasta entonces el cartabón métrico de la astronomía había penetrado en semejantes profundidades del espacio! 

Gracias a estas “insignificantes” fotografías, pudimos confirmar lo que lo que algunos astrónomos sospechábamos: la mancha lechosa que se veía se trataba de una una galaxia semejante a la nuestra. La nebulosa de Andrómeda es una de las más próximas galaxias distantes de los límites de nuestra Vía Láctea.

Continué buscando de manera obsesiva, ampliando gradualmente los límites del espacio explorado. Gracias a ello, en 1929 pude afirmar que cuanto más distante se encuentra una nebulosa, más rápido es su receso, creciendo su velocidad de alejamiento, hasta 42.000 Km por segundo. Nunca hasta entonces se habían registrado velocidades tan vertiginosas para cuerpos celestes. Esto implicaba algo que no se había confirmado hasta entonces ¡el Universo se está expandiendo!

Gracias a este descubrimiento, evidenciado por lo que ahora se llama “La ley de Hubble”, la cosmología se convirtió en ciencia. Por eso, algunos me consideran el padre de la cosmología observacional, aunque mi influencia en astronomía y astrofísica toca muchos otros campos. 

Mis investigaciones se hicieron tan famosas que me obligaban a volar muy a menudo a Europa  para realizar lecturas y obtener premios honoríficos. Llegué a hacerme tan famoso por mi trabajo, que a mis fiestas acudían estrellas de Cine, como Charlie Chaplin y Greta Garbo, y fantásticos escritores, como Aldous Huxley, Christopher Isherwood, y Anita Loos. Aunque si te soy sincero, mi hobby favorito era pescar 😉 

Dediqué mi vida a observar las galaxias, los objetos más lejanos que conocíamos en aquellos tiempos. Determiné las distancias de muchas de ellas, empujando hacia afuera las fronteras del Universo. 

Pero siempre que uno crece y hace cosas, aparecen críticos y personas que intentan dañarlo. Un par de años después algunas personas empezaron a decir que quien realmente llevó a cabo dicho descubrimiento fue el astrónomo y sacerdote belga, Georges Lemaître, con un publicación que hizo dos años antes que yo, en 1927. Unos decían que yo lo había hecho a propósito, otros que fue sin intención, ya que Lemaître era muy modesto y ni siquiera había publicado sus fórmulas. Digamos que sus palabras habían pasado más desapercibidas que las mías. Supongo que al final no es algo tan importante, igual que Google no fue el primer buscador, sí ha sido quien actualmente lo está haciendo mejor 😉

Mi trabajo volvió a verse interrumpido por la Guerra. Volví a sumergirme en ella, en su horror y su lucha. Me impliqué tanto que recibí una medalla de oro por mi dedicación y trabajo.

Después de la guerra decidí embarcarme en otro proyecto: la creación del telescopio Hale, de 200 pulgadas (508 cm), que se instalaría en el Observatorio Palomar. Me involucré al 100% en esta misión, se convirtió de nuevo en mi única obsesión, mi fuente de placer y de estrés, a partes iguales. Cuando por fin lo terminamos, su instalación fue un evento tan importante, que la revista Time lo sacó en portada en 1948. Yo me sentía muy feliz por lo que había conseguido, pero totalmente agotado y derrumbado del gran esfuerzo.  Tanto, que mientras estaba de viaje por Colorado, me dio un infarto, al que sobreviví.

Hubble en la revista Time 1948

La instalación de esta magnífica herramienta nos permitió a mi compañero Milton Humason y a mí, determinar la ley que rige el desplazamiento de los cuerpos celestes, midiendo de modo aproximado el valor de la constante.

Sin hacer caso al aviso que mi cuerpo me había enviado años atrás con el infarto, invertí de nuevo gran energía en ello, hasta que el 28 de septiembre de 1953 sufrí un accidente cardiovascular que acabó con mi vida. 

Tenía grandes planes para el telescopio, que ya no verán la luz utilizando mi nombre, sino desde el de otras personas que seguro consiguieron mejorar y superar mis proezas. 

Sé que unos años después, un gran equipo de científicos que operaban en las agencias gubernamentales de la NASA y la Agencia Estatal Europea consiguieron crear un gran instrumento para ser puesto en órbita, casualmente llamado como yo: Telescopio Hubble

Podríamos decir que gracias a ellos, continúo mi propósito vital de captar la máxima información que nos llegue de este infinito Universo.


*Poema en el que se han inspirado para bautizar a la Estrella más lejana del Univeso: El viaje de Eärendel, la estrella vespertina, escrito en 1914 por John Ronald Reuel Tolkien, autor de El señor de los anillos.

**Edwin Hubble es uno de los científicos más influyentes de todos los tiempos, habiendo cambiado nuestra percepción del Universo. Demostró después de infructuosas conspiraciones de otros astrónomos, que las espirales de las nebulosas son independientes de las galaxias a grandes distancias de nuestra propia galaxia. Este gran descubrimiento fue sólo su inicio. Fue más allá de eso mostrando al mundo que el Universo se está expandiendo. 

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